Nota de la redacción: Es difícil pensar en otro tema que levante ampollas con tanta facilidad como el de este artículo. Es imposible agradar a todos. Algunos sentirán que falta contundencia aquí para enfatizar el rechazo al mundo y todas sus obras de rebeldía contra Dios. Otros se ofenderán porque a pesar de esta profesión de amor, el mensaje sigue siendo que quienes ellos se entienden ser, necesita cambiar para poder integrarse del todo a la comunidad cristiana. Considero, sin embargo, que para otros muchos, estos párrafos les resultarán útiles, sensatos y prácticos. A todos recordaría, en cualquier caso, que los contenidos de El Mensajero son de responsabilidad personal de los autores. —D.B.
LGBT

Cómo expresar amor al colectivo LGBT
por Lynn Kauffman

En septiembre la congregación de habla hispana en la que participamos Mary y yo en California, hemos estado intentando responder a la siguiente inquietud: Como seguidores de Jesús, ¿cómo debemos amar a los que viven como lesbianas, gays, bisexuales o transexuales? Nos hemos dedicado a esta cuestión por dos motivos: Primero, por la aceptación creciente en nuestra sociedad, de esta manera de vivir. Y segundo, por el número de miembros de nuestra congregación que tiene miembros que se identifican abiertamente como lesbianas, gay, bisexuales o transexuales, o que se inclinan en esa dirección.
Hemos podido identificar cinco presuposiciones bíblicas que inciden en la homosexualidad en sus diversas expresiones:

  1. Dios ama a cada ser humano por igual, sin tenernos en cuenta en absoluto la orientación sexual (Juan 3,16). Dios no cae en favoritismos. No nos trata diferente porque seamos luteranos o bautistas, católicos o evangélicos. Tampoco porque seamos lesbianas o gays o heterosexuales, ni bisexuales o transexuales. El amor de Dios es constante para con todos.
  2. Dios está revelando su ira «contra toda impiedad e injustica de los seres humanos» en esta era presente (Ro 1,18). La naturaleza de Dios es tal que aborrece todo tipo de pensamiento y acción destructiva, que nos roban a los seres humanos la promesa de una vida abundante. Esto incluye cualquier actividad sexual fuera del matrimonio. Hace falta reiterar que Dios odia el pecado pero no a los pecadores. Ex  20,3-17; Ro 1,29-31; Ga 5,19-21, entre otros textos, enumeran los muchos pecados contra los que se opone Dios. Dios aborrece de igual manera todos los pecados.
  3. Los que practican asiduamente estilos de vida contrarias a Dios, no heredarán el Reino de Dios en su dimensión presente ni tampoco en su dimensión eterna (Ga 5,21). Dios está invitando: «¡Venid, vivid!», pero ellos han optado por desoír la invitación.
  4. Dios desea que todos sean salvos y se curen de sus estilos de vida impíos e injustos (1 Ti 2,1-4). Está haciendo todo lo posible para aquellos que desean una restauración plena, la santidad, el cielo.
  5. Dios ha establecido el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer (Ef 5,31).

    Dios desea que todos sean salvos y se curen de sus estilos de vida impíos e injustos. Está haciendo todo lo posible para aquellos que desean una restauración plena, la santidad, el cielo.


Mat Moore es alguien que habiendo vivido como homosexual, después se hizo un seguidor de Jesús. Dice: «En el occidente, la iglesia en general —y hay excepciones— ha tenido una efectividad nula para alcanzar a la colectividad de personas que se sienten atraídas por los de su propio sexo, con la verdad a la vez que el amor de Cristo». Típicamente nosotros los evangélicos hemos pecado inmensamente contra el colectivo homosexual por cuanto nosotros, como lo expresa Moore, «hemos empezado a vernos presumidamente como pecadores no tan culpables como lo son “ellos”».

Considerando el historial tristísimo del cristianismo con los homosexuales, a la vez que estas cinco presuposiciones bíblicas que constituyen parte de nuestro ADN espiritual, nosotros los miembros de esta congregación de habla hispana en California estamos procurando ante todo ser una buena noticia ante la presencia de los que viven los estilos de vida propios del colectivo LGBT (Hch 1,8). Ser una presencia amiga y no enemiga, nos abre el camino a oportunidades mayores para ser serviciales y para animar. Procurar para nosotros mismos un cambio de actitud y una humildad mayor, nos ayudará a ser una buena noticia para nuestras amistades y nuestros parientes LGBT.

En segundo lugar, estamos procurando comunicar la buena noticia al colectivo LGBT (Ro 10,15). Muchas veces hemos oído a cristianos enunciar: «Dios detesta a los homosexuales», o: «Los homosexuales van derecho al infierno». Eso no suena a buenas noticias en los oídos de un homosexual. Hasta resulta una clara falta de sensatez declararle a un homosexual, en una primera conversación, que la homosexualidad es un pecado. Eso refleja, en efecto, la verdad de la Biblia; pero en cambio no refleja el orden de Dios según el cual él va revelando su verdad. La verdad cuando mejor se comunica es cuando ya se ha forjado una relación cuya cimentación es el amor. El encuentro de Jesús con la mujer adúltera (Jn 8,1-11) es un ejemplo excelente de esto mismo.

En mi trabajo como capellán en un hospital, trato con pacientes que viven todo tipo de estilos de vida que son impíos e injustos, y que en muchos casos contribuyen directamente a sus complicaciones presentes en la salud. Siempre les digo —a ellos y a sus familiares— que Dios los ama honda e incondicionalmente, que son cada uno un tesoro único y especial, inmensamente valiosos ante Dios. Esta es la buena noticia que estoy convencido que tenemos que proclamar antes que nada, a cualquier persona que está viviendo de maneras impías e injustas.

Ser la Buena Noticia y después proclamar la Buena Noticia de una manera acertada los abrirá —esperamos— a la realidad bendita de que Dios los quiere hondamente y que quiere sanarlos de todo lo que les duele, sus ofuscaciones y sus malos hábitos. Exactamente lo mismo que está haciendo con cada uno de nosotros.