Menno
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Menno sobre la encarnación

Menno escribió un libro entero para defender su doctrina de la encarnación. Este pequeño botón de muestra está traducido de J. C. Wenger, The Complete Writings of Menno Simons (Scottdale: Herald, 1953), pp. 797-98:

[Considera el testimonio del propio] Cristo sobre su origen, cuando dijo: «Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo» (Juan 3,13).

Mira cómo en el pasaje citado, Cristo Jesús habla no sólo de su deidad, sino de su humanidad (por cuanto habla del Hijo del hombre), por cuanto está claro, ¿no es así?, que el hombre Cristo no tuvo su origen en la tierra, sino en el cielo, porque no puede llamarse el Hijo del hombre por causa de su deidad eterna que permanece sin disminución, como dicen los eruditos. Otra vez: no puede cuando dijo estas cosas encontrarse en el cielo, en cuanto a su humanidad, si es que su humanidad procede de María y no del cielo. Por consiguiente, hemos de referir esta afirmación al Cristo entero, tanto en cuanto a su deidad como en cuanto a su humanidad.

Pero entonces sigue irresistiblemente que el Cristo Jesús entero, tanto Dios como hombre, hombre y Dios, tiene su origen en el cielo y no en la tierra, como testifica Juan en otro lugar: «El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos» (Juan 3,31). «Salí del Padre, y he venido al mundo; de nuevo, dejo el mundo y voy al Padre» (Juan 16,28).

Así que sigue claramente (por lo menos si es que aceptamos las palabras de Cristo, de Juan y de Pablo como ciertas), que la Palabra descendió del cielo, se hizo carne en María, habitó entre los hombres, cumplió la Escritura, ascendió de vuelta, se sentó a la diestra de su Padre, y es adorado por los ángeles de Dios. […]

Pablo explica más nuestra confesión y dice: «El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es celestial. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales» (1 Corintios 15,47-48). Observa, lector, que aunque Pablo habla aquí principalmente sobre la resurrección de los muertos, y la gloria futura, sin embargo testifica por esta misma Escritura el regreso, y el origen de y la diferencia entre el primer Adán y el segundo, al decir: El primer hombre es de la tierra terrenal; y el segundo hombre es el Señor que procede del cielo. Por cuanto el primer hombre, Adán, se describe como terrenal porque pertenece a la tierra; así también, el segundo hombre, Cristo, se describe como celestial porque procede del cielo.